Oaxaca de Juárez, 29 de septiembre. Los dineros en la declaración 3de3 de AMLO son minucias si se comparan con la del alcalde del pueblo más pequeño o de cualquier diputado. El tema no es el dinero. El tema es la ética.

Porque en su afán de ser limpio, puro, único, diferente a todos, un ser superior, inmaculado, AMLO mintió en su declaración 3de3 al asegurar que no tiene propiedades, autos, joyas, cuadros, cuenta de cheques, tarjetas de débito o crédito, ni hipotecas.

Y, la verdad, AMLO no tenía por qué mentir en su declaración 3de3: en su vida doméstica es un hombre austero, cuyas propiedades están hasta por debajo de la media de alguien de su edad que ha ostentado cargos públicos con altos salarios y cuya familia consiguió cierta plusvalía como rancheros.

También hay que escribir que, en cambio, como político, AMLO controla de manera unipersonal innúmeras cantidades de dinero del presupuesto que fluyen hacia su partido, Morena, así como otras cantidades incuantificables de procedencia privada, que son imposibles de auditar.

Como dueño de Morena no rindió cuentas al INE de 126 millones de pesos dados por simpatizantes, y que Morena disfrazó de “donaciones” de la mitad del salario de sus legisladores y delegados. Tampoco de otras “donaciones” por mil 200 millones que gastó en los últimos seis años en hacer política.

Pero eso es dinero de otro costal y no tiene nada qué ver con la declaración 3de3, que es un proyecto firmado por más de 600 mil ciudadanos en contra de la corrupción y en favor de la transparencia para obligar a políticos y funcionarios a hacer pública sus declaraciones patrimonial, de intereses y fiscal.

Según el reportaje de WSJ publicado antier, AMLO mintió en su 3de3 al asegurar que había dado a sus dos hijos adultos dos departamentos, cuando en realidad todavía son suyos, de acuerdo con el Registro Público de la Propiedad, al cual asegura el diario estadounidense tuvo acceso.

Sin embargo, ¿de qué departamentos estamos hablando, por favor? De dos que le costaron 109 mil dólares y miden, cada uno, menos de 70 metros cuadrados. ¿Está mal que tenga esos dos “huevitos” alguien de su edad, que ha ostentado cargos públicos con altos salarios? Pues no. Debería tener más.

De ahí que lo cuestionable en la 3de3 de AMLO es un asunto de ética, no de dinero: de ética porque no fue claro en su desproporcionado afán de mostrar una honestidad sobrehumana que, por supuesto, no tiene porque no existen humanos perfectos, aunque él crea que es perfecto.

Por eso tiene que explicar y volver a explicar su declaración 3de3. Porque ocultó dos departamentos minúsculos que cualquier clasemediero podría tener.

Se enredó su mesianismo enfermizo.