–El narcotráfico provocó desde el 2006 más de 150 mil muertos, cifra superior a los muertos a las guerras de Irak, Afganistán o Siria.

–Los cárteles ganan 22 mil millones de dólares al año por introducir metanfetaminas, heroína, cocaína y mariguana a Estados Unidos.

Sí: son un relato de la realidad mexicana. Aunque, si es por eso, por qué no se producen series sobre otras realidades mexicanas:

–En el país hay 23 mil 605 niñas de 12-14 años casadas o que viven en unión libre: corren riesgos de embarazos, partos prematuros, muerte por gestación o complicaciones en el parto, deserción escolar, además de reproducir la pobreza.

–El 42 por ciento de los mexicanos vive bajo la línea de pobreza: tienen dificultades para acceder al agua potable, vivienda, educación, salud, seguridad social, servicios básicos en el hogar.

–En México existen cinco millones 300 mil personas con discapacidad, y un millón 800 mil son discriminadas, a causa de que no se ha construido una cultura de respeto ni de reconocimiento hacia ellas.

¿Más ejemplos de otras realidades mexicanas? No, éstos bastan para demostrar que es convenenciero el argumento de transmitir narcoseries porque retratan la ingobernabilidad y la corrupción, o que el narco ofrece mejores oportunidades de vida para muchos jóvenes, que el gobierno.

Eso es mentira. Se transmiten porque producen tanto dinero como el propio narcotráfico: son un negocio y si hay demanda, habrá oferta. Es grotesco que jueguen con las palabras. Es por rating y el rating significa dinero. No es un deseo sincero de reflejar la realidad del país.

El señor de los cielos, La reina del sur, El Chema, Rosario Tijeras o El Capo presentan un mundo glamuroso con dinero fácil, de hombres y mujeres atractivos y dueños de la vida y la muerte de sus semejantes como emperadores romanos. Son verdaderos héroes.

En cambio, la vida de niñas embarazadas es triste; el mundo de pobres sin agua, enfermos y hambreados es fatídico; el día a día de los discapacitados que sufren abusos es angustioso. Transmitir una serie sobre estos temas en horario estelar de televisión abierta no produciría dinero.

Vivimos en un país de libertades, y si es legal que las narcoseries pasen en horarios con alta presencia de público infantil, como lo es ahora, que pasen. Pero es superficial eso de “la narrativa está en función de la realidad” o la “reivindicación del papel de la mujer luchadora”.

Que las vea quien quiera y que permita a sus hijos verlas.

Pero son una apología del crimen, ¡eh!