gototopgototop
FLASH
¿Volver al pasado?: Vladimir Campos Gallardo PDF Imprimir Correo electrónico
(0 votos, media 0 de 5)
Vladimir Campos Gallardo
Escrito por Vladimir Campos Gallardo   
Martes 09 de Marzo de 2010 18:48

 

“Nos quedamos con las manos vacías.

Entonces, las puertas de la percepción

se entreabren y aparece el otro tiempo,

el verdadero, el que buscábamos sin saberlo:

el presente, la presencia.”

Octavio Paz.


Oaxaca de Juárez, marzo 10.- En la posdata a su libro El laberinto de la soledad, Octavio Paz describe en qué medida la matriz de la política moderna del país se sitúo en esa voluntad reiterada, de cada seis años, borrar el legado anterior. A semejanza de los emperadores aztecas que cubrían con una pirámide cada vez mayor la de sus predecesores, también los presidentes mexicanos del siglo XX se empeñan en arrasar el pasado cercano. Los tiempos modernos mexicanos están hechos de tiempos mezclados, pasados encubiertos y futuros frustrados, una serie de edenes subvertidos que se desea recuperar y olvidar a la vez. En este país de tiempos simultáneos, pasado, presente y futuro se codean y chocan entre sí. Las avenidas de la urbana y pacífica capital llevan el nombre de Insurgentes o de Reforma, típicamente revolucionarios. Los rascacielos futuristas son vecinos de las chabolas y de las pirámides precolombinas de las catedrales barrocas. La denominación del partido que dominó durante más de setenta años la vida política del país, yuxtapone, por su parte, palabras aparentemente inconciliables, prometiendo al mismo tiempo la ruptura radical, la vuelta a un pasado utópico, y practicando, a la vez, un presente conservador.

De entrada, la modernidad mexicana estuvo dominada, a su manera, por el eclecticismo y el pragmatismo del PRI, que adoptó una política conservadora y liberal a la vez, revolucionaria y tradicionalista, practicando alternativamente el intervencionismo y el laissez-faire. “El eclecticismo de la vida política oficial mexicana como escribe  Carlos Fuentes, fue tan contradictorio y fascinante como las imágenes de la Virgen de Guadalupe que adornaban los sombreros de los guerrilleros zapatistas, quienes, sin sombra de objetivo sagrado en sus mentes, atacaban las iglesias rurales de Morelos”. Fue ese pragmatismo el que les permitió a los dirigentes de un partido mantenerse en el poder durante cerca de cincuenta años. Esa estabilidad fue una de las claves de la relativa prosperidad económica que experimentó el país en cuanto a crecimiento. Esa estabilidad se despegó de la propia historia política mexicana, sobre todo desde el siglo XIX hasta la llegada al poder de Porfirio Díaz y luego hasta los años veinte. Entre 1821 y 1867, es decir, en un período de 46 años, México tuvo, en efecto, un total de 56 administraciones diferentes. A título de ejemplo, durante los 52 años que van de 1817 a 1869, Estados Unidos sólo tuvo 13. La inestabilidad política mexicana, en las cuatro décadas siguientes a la independencia, cercenó el crecimiento del país entre un 50% y un 100%, según las estimaciones de los historiadores. También la estabilidad política de la belle époque del Porfiriato, a finales del siglo XIX, explica entre el 50% y el 88% del aumento de la tasa de crecimiento registrado durante este período. México se volcó, en el transcurso de las últimas décadas, hacia los tiempos modernos de la economía de mercado. Herederos de Lázaro Cárdenas, que organizó en los años treinta una reforma agraria de inspiración colectivista y llevó a cabo la nacionalización del petróleo, los presidentes priístas continuaron la tarea revolucionaria guiados por una ideología relativamente flexible: los decálogos se adaptaban y variaban según las necesidades y el air du temps del momento. Entre 1940 y 1980, mientras los vecinos latinoamericanos quedaban atrapados en regímenes revolucionarios, la economía mexicana ostentó una velocidad de crucero envidiable, con un crecimiento anual del PIB del 6%. Con la escalada de las exigencias económicas y políticas, la aparición de nuevos agentes sociales y de nuevas reivindicaciones económicas, el sistema comenzó, no obstante, a holgazanear. La incapacidad de los dirigentes para responder a estos desafíos se evidenció de modo flagrante con la masacre de la plaza de Tlatelolco, la víspera de los Juegos Olímpicos de 1968. El populismo pragmático de los dirigentes de los años setenta tampoco logró frenar la escalada de exigencias y descontento. La gran ilusión del desarrollo auto centrado se quebró en 1982 (un año bisagra, que contemplaba cómo el país, benef ciario hasta entonces del boom del petróleo, se hallaba al borde de la quiebra) y el milagro se convirtió en pesadilla: la caída de la cotización del petróleo privó al país, de la noche a la mañana, de su apreciada liquidez. Incapaz de hacer frente a una deuda colosal, México se declaró en suspensión de pagos y desató una crisis que atravesó como una onda expansiva a toda América Latina. Comenzó entonces una reconstrucción y mientras, los conductores de esta reconstrucción se ocupaban con esmero de engrasar la maquinaria social con un vigoroso programa social, denominado “Solidaridad”. Esta transformación puso de manifiesto las disparidades regionales. En el sur, en Chiapas, los indígenas se quedaban en tierra, viendo cómo se alejaba a gran velocidad la mitad norte del país, arrastrada por la locomotora de las reformas. El 1 de enero de 1994, mientras los dirigentes mexicanos imaginaban ingresar en el desarrollado Primer Mundo con la entrada en vigor oficial del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, los indios de las selvas lacandonas se sublevaban de la mano de un líder posmodernista llamado “Subcomandante Marcos”.

Una de las paradojas mexicanas consiste en haber hecho gala de uno de los timing de crisis más regulares del mundo, pues la economía sufría cada seis años la sacudida de turbulencias surgidas en la huella de una elección. Desde ese punto de vista, el año 2000 marcó un hito. Por primera vez en su historia reciente, las elecciones  no estuvieron acompañadas de turbulencias financieras. No sólo se vio alterada la correlación entre ciclo económico y ciclo político, sino que el país experimentó, además, una transición política de gran magnitud. Por primera vez en setenta años, el partido que ejercía el poder cedió la presidencia a un miembro de la oposición.

Sin embargo10 años después de una administración de derecha, México padece males ligados a las diferencias de renta, a la pobreza, a las deficiencias de su sistema de recaudación fiscal. La otra cara del llamado milagro mexicano milagro mexicano continúa siendo, claramente, el aspecto social, la falta de inversión y las necesidades insatisfechas en materia de educación y sanidad. La clave de este desafío reside en una reforma fiscal de envergadura, que pueda atraer una mayor recaudación hacia las arcas del Estado y aumentar así los gastos en materia de reformas de segunda generación, ya no sólo económicas, sino también sociales. ¿Qué le espera a México? ¿Volver al pasado?. Ahí se las dejo.

 

logo2

Estas aqui:

Principal Opinión Vladimir Campos Gallaro ¿Volver al pasado?: Vladimir Campos Gallardo

Hoy es

Viernes, 30 Julio 2010

ADN Radio

Selecciona tu reproductor:
Winamp windows Media Player Real Player QuickTime

Buscar en ADN

Imagen al azar de nuestra fototeca

mcdonalds.jpg

Falta para la toma de Posesion...

· Nombre del evento:
Toma de Posesión de Gabino Cué
· Día del evento:
· Tiempo restante:
Valid XHTMLValid CSS