| El paradigma del Desarrollo Humano: Vladimir Campos Gallardo |
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| Vladimir Campos Gallardo |
| Escrito por Vladimir Campos Gallardo |
| Viernes 12 de Febrero de 2010 10:40 |
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Todo esto no debe llevarnos a recaer en la llamada teoría de la confabulación, viendo a las Organismo Internacionales como meros instrumentos para imponer condiciones desfavorables a los países en vías de desarrollo y particularmente a sus mayorías populares. Que esto no nos evitaría contradicciones se hace evidente cuando los organismos internacionales plantean en nombre del orden y la paz mundial problemas sociales que los gobiernos de los países industrializados prefieren ignorar, o que los gobernantes de turno intentan ocultar, o cuando esos mismos organismos hacen propuestas concretas que son mejores que lo heredado o al menos nos obligan a pensar seriamente en alternativas. Por lo demás, los organismos internacionales requieren del reconocimiento de los gobiernos para especificar e implementar sus políticas, y sin duda existen, aún dentro de los parámetros del ajuste, márgenes políticos y técnicos para definir otras políticas sociales con los mismos o superiores objetivos declarados, pero más eficientes y sobre todo más sustentables. Incluso el Banco Mundial ha mostrado que sus posiciones en este terreno varían cuando comienza a acumular errores o resistencias, o cuando encuentra un gobierno firme con propuestas propias y capaces de cumplir con los requisitos formales de las solicitudes de crédito. Pero si esperamos a que los errores se rectifiquen desde arriba habremos perdido valioso tiempo y recursos. Resulta entonces imprescindible recobrar o construir la capacidad política y técnica de decisión nacional. Pero para que esto tenga un sentido progresivo, es también indispensable profundizar el proceso de democratización. En el terreno de las políticas sociales, es importante defender una esfera pública donde los problemas, las opciones y alternativas, sean discutidas y acordadas de manera democrática y con transparencia. No se trata entonces de reemplazar la concepción “equivocada” de unos técnicos internacionales por la “correcta” de los técnicos e intelectuales nacionales que por cierto rotan de posiciones, adaptando su discurso según el organismo en que están, pero siempre planteada desde arriba. Se trata en cambio de abrir un verdadero espacio público de definición de las políticas sociales, donde se desarrollen conjuntamente las capacidades de proposición y gestión del Estado nacional y local y de la población organizada. Ahí se las dejo. |




Oaxaca de Juárez, febrero 12. Existe el peligro de que el paradigma del Desarrollo Humano, de amplitud e intención suficientes como para albergar propuestas concretas de desarrollo y democratización efectivas, se convierta en un paraguas ideológico para políticas con otro sentido. Desde mi punto de vista debe asumirse plenamente la propuesta original de Desarrollo Humano, especificándola para las condiciones de cada región y velando por la coherencia técnica entre las políticas concretas y ese marco de acción para el desarrollo. En la misma dirección, considero que se debe marcar la diferencia entre políticas económicas y sociales, viendo a éstas últimas como la principal fuente de recursos para impulsar el desarrollo de una economía, condición a su vez indispensable para efectivamente alcanzar la sostenibilidad económica, social y política.





