| Democracia desde la barrera: Moisés Bailón |
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| Moisés Bailón |
| Escrito por Moisés Bailón |
| Lunes 22 de Febrero de 2010 07:45 |
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La democracia definida por un habitante de clase media de la Ciudad de México será diametralmente opuesta a la que pueda tener un damnificado de la localidad de Chalco, en el estado de México, o un migrante obrero radicado en ciudad Juárez. Los tres pasan por circunstancias muy diferentes, con lo que sus necesidades y percepciones necesariamente serán variables. Las características propias de la capital del país, su desenvolvimiento histórico, la amplísima pluralidad étnica, la rica mezcla ideológica, los elevados niveles educativos son factores naturalmente trascendentes para la concepción particular de cada habitante del concepto que puede entender por democracia. Y dentro de este grupo, habrá también subgrupos ubicados por región de residencia, donde la apreciación podría variar mucho entre delegaciones de la misma ciudad e incluso colonias dentro de ellas. Un ejemplo emblemático es lo que sucede entre la delegación Benito Juárez y Coyoacán. Ambas se encuentran ubicadas en el centro de la capital, cuentan con los niveles más elevados en servicios (luz, agua potable, limpia, etc.), sus residentes forman parte de los estratos de clase media, ahí se encuentran las mejores escuelas y universidades (UNAM), y un buen número de hospitales (ISSSTE, IMSS, etc.); sin embargo, al momento de votar son radicalmente opuestos en sus preferencias. En la parte ideológica, la gran mayoría de los residentes de Benito Juárez son de derecha -tan sólo en la pasada elección para elegir jefes delegacionales (2009), el PAN obtuvo 65 mil votos, frente a 32 mil del PRD-, mientras que Coyoacán es famosa, siempre, por su posición crítica y de izquierda (aún cuando en este último proceso la elección se decidió por menos de 4 mil votos a favor del PRD). De un lado, son fervientes opositores ante la recientemente aprobada ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo. Mientras que del otro lado de la calle –literalmente ambas delegaciones se encuentran divididas por el circuito interior-, organizaciones defensoras de los derechos humanos han apoyado abiertamente, de antaño, la promoción de derechos de última generación para los habitantes de la capital. Esas diferencias, profundas, críticas, debatibles, aceptables o no, forman parte de la naturaleza de la democracia que todos los días se construye en el Distrito Federal. Una ciudad, donde la transición llegó apenas en 1997 con el derecho que se les dio a sus habitantes para elegir a un gobierno local. Hace unos días el reciente desbordamiento del canal “La compañía”, en el valle de Chalco-Solidaridad, en el estado de México, fue un duro llamado de atención para más de uno. Esta vez, los que menos tienen, los que se levantan más temprano para ir a trabajar y que más se esfuerzan por sobrevivir en los vaivenes de esta crisis que no deja de golpear, fueron víctimas de la ineptitud y los egos de varios gobernantes. Chalco es una de las regiones más marginadas del país. Ahí habitan, sin menosprecio para nadie, quienes todos los días nos apoyan en la limpieza del hogar, los que bolean nuestros zapatos, quienes conducen el transporte público, los que limpian nuestras calles, los que cuidan nuestras colonias. Ellos son la base que sostiene a la ciudad de México y una vez más, las ineptitudes y el sesgo ideológico, acabaron con lo poco que tenían. Más de diez mil damnificados de cuatro colonias, en una zona con una importante presencia indígena y oaxaqueña (32% de la población son Mixtecos), fueron abatidos durante varios días por torrenciales lluvias que inundaron con lo más asqueroso que puede salir de un baño de la Ciudad de México. Sus salas, cocinas, comedores, cuartos, absolutamente todo se perdió. Chalco fue el bastión más importante para el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, cuando inició el programa Solidaridad. Por muchos años, esta localidad fue el emblema del PRI del estado de México, como símbolo de desarrollo y un eficiente trabajo de partido. Esta vez ese castillo de naipes, que por mucho tiempo mantuvieron se vino abajo. Hoy, los más de 10 mil damnificados no quieren saber nada del PRI, mucho menos del gobernador mexiquense, no se diga, del gobierno federal y el de la capital. Los dejaron solos, por varios días. “Nadando entre la mierda”-como mencionó uno de los afectados-. ¿Imaginan cual es su percepción de la democracia? ¿Creen que alguno de estos habitantes se interesará por acudir a votar en el próximo proceso electoral? La democracia se debilita y se corroe ante el ejercicio deshonesto de los gobernantes. La fe se pierde y entonces todo se termina. Ciudad Juárez, Chihuahua, por momentos parecería otro México. Es el segundo municipio más poblado del país, con un millón trescientos mil habitantes, y desde 1983 tuvo su primer gobierno municipal de alternancia (PAN) con Francisco Barrio a la cabeza (quien después sería gobernador del estado de Chihuahua 1992-1998). Ubicado en la parte norte del estado y con cuatro puentes fronterizos con Texas, este municipio se encuentra dolido, sitiado por la delincuencia y sus habitantes viven una realidad excepcional que la alternancia no ha podido corregir. Cerca de 2 mil 500 muertes en 2009. Las libertades civiles de libre tránsito, de manifestación, así como la protección a los derechos humanos no existen. Desde hace mucho tiempo, los juarenses han visto una descomposición en su sistema político que ha causado un grave conflicto de seguridad pública. “Dejaron que el asunto se pudriera”. Para darse una idea de la magnitud, hace unos días el gobernador del estado, trasladó la sede de los tres poderes locales del municipio de Chihuahua a Ciudad Juárez. Medida que le desató fuertes cuestionamientos por el aprovechamiento mediático con que se hizo, pero que nos habla de lo que en el fondo están viviendo. Un completo estado de anarquía donde la mejor respuesta ha sido el reconocimiento de cada uno de los tres órdenes de gobierno para afrontar juntos el problema de la inseguridad, como un asunto estructural y sociológico de Juárez. El 4 de julio habrá elecciones ahí. La demanda recurrente es seguridad pública y en eso se han abocado todos los partidos políticos, para dejar de lado las diferencias ideológicas. Este año en Chihuahua: “Todos somos Juárez”. Los tres casos son ejemplos claros de cómo la democracia puede ser concebida desde distintos ángulos y percepciones, situada sobre realidades disímbolas. Oaxaca es así, diferente, particular, por ello una coalición que alberga visiones contrarias. Para construir una democracia que una y nos cohesione, precisamente, a partir de nuestras diferencias. |




Oaxaca de Juárez, febrero 22.- La percepción de la democracia es una variable que depende en gran medida del lugar desde donde uno la mire. No es igual ver al toro en el ruedo, que desde la barrera o allá arriba en las lumbreras.





