| El debate de Krauze y Martin por García Márquez: Moisés Bailón |
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| Moisés Bailón |
| Escrito por Moisés Bailón Jiménez |
| Martes 03 de Noviembre de 2009 07:22 |
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García Márquez no sólo ha llenado mi curiosidad como lector de alguna de sus obras, sino que me ha permitido pensar que más allá de las historias que alguien más puede llegar contar de su intimidad, de su vida, su familia, sus amigos o el lugar de donde viene, existen más coincidencias que obstáculos que nos acercan en algún momento a encontrar en nosotros mismos anécdotas que podrían ser igual de interesantes a Cien años de soledad o El amor en los tiempos del cólera. La verdadera historia de cada persona muchas veces se encuentra reflejada en otras que alguien más, en algún momento ha decido escribir. Para qué relatar mi propia vida, si quizás muchos episodios de ella la pueden encontrar escrita ya en algún capítulo de La hojarasca, comentó el autor. La historia de un personaje que siempre se creyó más periodista que escritor, nos puede pasar a cualquiera, pues el arte de escribir, no lo es, sino no se encuentra alguien que lo quiera leer. Y aún teniéndolo, se puede ser escritor sin serlo. Y es ahí cuando el periodista lleva siempre la delantera. A éste siempre habrá quien tenga deseos de leerlo. Pero el relato de Gerald Martín va más allá. El único biógrafo consentido del “Gabo” que a lo largo de más de dos décadas buscó en infinidad de entrevistas, aquí y allá, ir a lo más profundo de la vida del colombiano, nos regala un dulce relato de sus andanzas por Paris, Colombia, Nueva York, la Ciudad de México, Barcelona, para regresar nuevamente a su natal Aracataca. Deambulando, encontrándose y encontrando. Viviendo sin vivir y volviéndolo nacer. Fue en Paris donde inicia la parte más viva del escritor, justo cuando conoce a Tachia Quintana, una española unos años mayor que él, que para fines de los años cincuenta, y con 28 años de edad, se convertiría en uno de los grandes amores de su vida y también en su mayor lamento. Sobra decir como acabará la historia. En medio de la peor racha y una de las más tristes desgracias, García Márquez acabaría en desamor y en el olvido. Una crónica de su vida que lo llevaría a deambular por las calles de Paris, al grado de tener que recoger comida de los botes de basura y vender periódicos y botellas de cristal para conseguir unos cuantos francos que llevar a un improvisado hogar en los suburbios de Montparnasse. Muchas veces preguntó Martín años después a García Márquez sobre Tachia y nunca encontró respuesta. “Todos tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta. Y ella pertenece a la última”- se limitó a comentar el autor de El Coronel no tienen quien le escriba-. Y es que aquella historia significó el principio y el final de una vida para García Márquez. Ahí nació el escritor que hoy conocemos y fue el desenlace de una eterna búsqueda por encontrarse a sí mismo. Muchos tardan años y nunca lo logran. Él tuvo que pasar por la decepción amorosa y el hambre, pero quizás más por la tragedia de un aborto involuntario de Tachia, que lo llevó de regreso a Colombia para encontrarse con Mercedes. Su eterna, Mercedes. Hasta ahí no hay debate. Y parecería que su carrera sería en ascenso. Su simpatía por la revolución cubana lo llevó a ser un cercano de Fidel Castro, y ocupar la cartera de corresponsal de la Agencia de Noticias Prensa Latina en Nueva York. Después vendría el desencanto, al parecer provocado por las fuertes presiones del régimen anti comunista contra los simpatizantes de Castro. Aunque quizás más bien haya sido, que se terminó la inspiración. Aquellas coincidencias que en un inicio lo llevaron a impulsar y ejemplificar los logros de la isla en materia de salud o educación, parecerían desvanecerse ante las deidades de la gran manzana. Y es ahí donde Krauze subraya la más dura de sus críticas contra Gerald Martin (Letras Libres, año XI, número 130, octubre 2009). En esta relación insoslayable e inexplicable entre García Márquez y Fidel Castro. El cómo un personaje quijotesco, inquebrantable y glorificado en cada una de sus novelas que lo han llevado a ser uno de los escritores más aclamados de nuestra era, permanezca en apoyo a las medidas represivas que sigue el gobierno de la isla. ¿Cómo? –se pregunta Krauze- ¿es que un escritor de la estatura de García Márquez que en cada novela ataca las injusticias y diferencias de nuestro pueblo latinoamericano, no pueda criticar o al menos deslindarse de los actos represivos que sigue el régimen autoritario de Castro? ¿Por qué razón, Martín no va a fondo del tema, ni resuelve esta interrogante? Martín responde con atinada razón, que la crítica de Krauze va más a una errada percepción ideológica, pues el elemento principal de la obra García Márquez una vida, además del biográfico, es la diferencia conceptual de democracia que existe en el pueblo latinoamericano del anglosajón. La evolución histórica de cada uno de estos países nos explica muchas de las razones por las que existan concepciones diametralmente opuestas sobre los gobiernos autoritarios. América latina ha tenido una evolución naturalmente autoritaria en sus formas de gobierno, muy distinta a la que han seguido países como México o Estados Unidos. Y es a partir de ahí como podemos encontrar respuestas a las muchas de las interregnotes que hoy aquejan a pueblos latinoamericanos, en donde la democracia ha sido poco funcional para solventar problemas como la salud o educación, que en otros pueblos bajo otros regímenes se les ha logrado responder de manera eficiente. Krauze revira: “Al profesor la democracia le saca ronchas”. Martín, concluye: “Tratar de entender y explicar la atracción del comunismo o del socialismo (o del pensamiento fascista o conservador) no es ser comunista ni antidemocrático: al contrario, semejantes explicaciones son fundamentales en cualquier democracia”. El debate ideológico engrandece, pero más lo hace para quienes se alimentan de las distintas posturas y puntos de vista que sobre un mismo tema existen al respecto. La libertad y apertura que hoy los medios de comunicación han alcanzado para nutrir esa discusión, forma parte de un elemento esencial que debe estar por encima de cada una de las posiciones divergentes, y que todos debemos defender. El libro de Gerald Martin, sobradamente cumple con su cometido de ejemplificar una biografía de un grade. Una historia de hadas y cenicientas que acaba con el mejor final. El de haber logrado trascender al encontrarse a sí mismo. Y quizás esa sea la mejor de las búsquedas al final de cuentas. |




Oaxaca de Juárez, noviembre 3. El pasado lunes 26 de octubre se presentó en la Sala Manuel M. Ponce, del Palacio de Bellas Artes, el libro, Gabriel García Márquez una vida, del escritor Gerald Martin, editado por Debate (2009). No cabría hacer una crónica del tema, de no ser porque de vez en cuando vale la pena tomar un respiro para tratar asuntos de una mayor relevancia que la política local.





