| Precisiones sobre el Voto en Blanco: Jorge Luis Palacios (11:32 h) |
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| Jorge Luis Díaz Palacios |
| Escrito por Jorge Luis Díaz Palacios |
| Viernes 03 de Julio de 2009 10:30 |
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Para las elecciones federales del 2000, el porcentaje de abstencionismo de una lista nominal de sólo 58 millones 782 mil 737 personas, votaron únicamente 37, 601, 268 electores, para el caso del año 2003 el nivel de abstencionismo fue el más alto de la historia, siendo de 58.32 por ciento contra un 41.68% de participación, mientras que para el 2006, de una lista nominal de 71, 374, 322 millones de personas tan sólo votaron 41, millones 791 mil 322 electores (Datos del IFE) A lo largo de la historia electoral de este país la participación no ha variado mucho. Quisiera contextualizar la idea puntualmente. Las elecciones para diputaciones federales en el caso oaxaqueño del año 2006, marcaron un precedente para saber que la participación a través del sufragio es un mecanismo real y contundente, en éstas, el Partido de la Revolución Democrática logró ganar nueve de los 11 distritos electorales, algo que se vislumbraba históricamente imposible en la entidad, dado el voto duro del Partido Revolucionario Institucional en comparación con los niveles de apatía en la participación de los electores. Ese hecho aclara que el mecanismo del sufragio como existe hoy en día es efectivo. Lo lamentable respecto a dicho nivel de participación, fue que los electores que lograron esos niveles de votación se vieron cristalizados en su participación debido al fenómeno social del movimiento magisterio-APPO y por supuesto López Obrador. Como se abundaba en un principio, para que la ciudadanía participe es necesario que se guié a partir de conclusiones externas a ellos, abstracciones impuestas y entonces sí actuar colectivamente y participar en el sistema político, e ahí el porque cuestionar, ¿pero que tipo de participación se espera así? Ahora bien, el mensaje que desea difundir el movimiento de submovimientos con la intención de votar en blanco, nulamente o por un candidato no registrado, recae en dos puntos de coincidencia sumamente relevantes: que se legisle a favor de la reelección de legisladores y presidentes municipales, para poderlos llamar a cuentas individualmente y las candidaturas independientes de alcaldes, diputados y senadores. Y es que efectivamente, en la reforma electoral del año 2007 faltaron esos mecanismos y otros como la regulación de medios electrónicos, telefonía celular e internet, pues la regulación estuvo basada únicamente en el duopolio televisivo que acaparó más del 50% del gasto de las campañas de los partidos en el 2006; la reducción o eliminación de las candidaturas por representación proporcional que se aprobaron con la reforma de 1977 dada la hegemonía del sistema de partidos existente en ese entonces, pero que hoy en día no son necesarias pues sólo coadyuvan a la existencia de partidos como el PT, PVEM que han generado un costo altísimo al erario público y ni siquiera tienen capacidad de injerencia en la toma de decisiones en los congresos, sirviendo únicamente como comodines a los partidos mayoritarios; la regulación del gasto excesivo de gobernantes y legisladores en propaganda oficial personificada en tiempos no electorales; el referéndum y plebiscito constitucional así como la revocación de mandato; la ampliación y elevación de las sanciones electorales y penales por la compra del voto y finalmente entre otras, la reducción del porcentaje para el financiamiento de las campañas políticas pues tenemos las elecciones más costosas del mundo. Es cierto, los mecanismos como la reelección y las candidaturas independientes que principalmente aboga el movimiento por el voto blanco, nulo y candidatos no registrados, serán de gran beneficio a los ciudadanos y son imperativamente necesarios en las aspiraciones de consolidar un régimen democrático. Pero, en ese sentido, es compartida la idea con Aguilar Camín, “la debilidad mayor del anulismo es su falta de programa, de causa futura. Ha funcionado ya, y muy bien, para manifestar el rechazo, pero no para sugerir el cambio. En todos los blogs y redes anulistas circulan diversas banderas propuestas para el movimiento, pero o son listas muy largas o se van a la estratósfera poniéndolo todo. Sería muy deseable, y muy potente, que los anulistas escogieran un solo propósito, preciso y alcanzable, para verlo como parte de la agenda política posterior al 5 de julio… Sería muy deseable que las redes de anulistas se dieran cita en plazas de distintas ciudades el 5 de julio, en mítines horizontales, hechos a partir de simple concurrencia ciudadana, lo que probablemente volvería la causa anulista la noticia del día” (Milenio, Día con día, Junio 18, 2009) En una propuesta personal, sería más factible abogar porque los partidos recibieran financiamiento público a partir del número de votos reales emitidos para ellos y no del número de votos probables que recibirán en una contienda electoral, necesariamente tendría que modificarse el COFIPE respecto a la forma de contabilizar los votos, entonces, a mayor reducción del número de votos, menor número de recursos económicos para éstos, ello verdaderamente impulsaría a los partidos a buscar mayor nivel en sus discursos, pero sobre todo en tus propuestas y acciones, consiguiendo así el voto popular. Bien, ahora, qué referentes se tienen de este tipo de movimientos o acciones que se están impulsando. Uno de los más notorios fue el de Argentina en sus elecciones de 1957 para convocar a una convención constituyente en donde 2 millones 115 mil 861 argentinos voto en blanco contra 2 millones 106 mil 524 electores que hicieron ganar a Unión Cívica Radical, dicho movimiento fue convocado por Juan Perón debido a que su partido, el Justicialista, no fue convocado para dicha elección. Aunque la decisión de los blanquistas y anulistas fue mayor, la decisión se definió por quienes sí votaron. El caso de España en el 2004 en sus votaciones para elegir a 54 diputados del parlamento, también guardan la misma peculiaridad, de un total de votantes de 45.14%, el porcentaje de votos nulos fue de 0.98% y en blanco de 0.61%, pero el nivel de abstencionismo fue de 54.86%, mucho mayor a la votación total, sin embargo, los 54 diputados fueron elegidos. Así también el caso de las elecciones presidenciales de Francia en su primera vuelta en el 2002, con 11, 698, 956 abstenciones, 997 mil 262 votos blancos y nulos contra sólo 29, 495, 733 votantes por algún partido, de un total de 41 millones 194 mil 689 franceses. Aunque el nivel de abstencionismo y de votos blancos y nulos fue de los más altos de su historia sin lograr superar el bajo porcentaje de votantes partidistas en esa primera vuelta, el movimiento no logró mucho. Más ejemplos son el caso igualmente de Argentina en el 2001 con el 20 por ciento de votos en blanco, Perú en sus elecciones presidenciales de 1980 donde el porcentaje de ausentismo fue de 21.3% y el porcentaje de votos blancos y nulos de 22.2 y así muchos más referentes internacionales. Es un hecho que la expansión de votaciones de ese tipo ha existido, pese a ello el común denominador que han guardado, es que, sea mucho mayor o significativo el porcentaje de ese tipo de votación la jornada electoral acaba siendo definida por quienes emitieron una votación diferente a la blanquista, nula o para el caso mexicano por candidatos independientes. Ahora bien, para ir acotando la argumentación presentada, guardan relevancia los siguientes datos. El porcentaje de votantes de 1945 a 1997, según un comparativo del Institute for Democracy and Electoral Assistance (IDEA), en Europa Occidental ha sido el más alto (77%), mientras que en América del Sur y Centro América el más bajo (54%), mientras que en America del Norte y el Caribe, es el tercero más bajo, donde se ubica México, según el mismo estudio, en el nivel de participación política de 18 países de América Latina, Uruguay tiene el porcentaje más alto con 89.3 por ciento, seguido de Chile con 84.1 y Costa Rica con 80.8%, mientras que México ocupa el lugar número 15 con un 52.2% en el mismo periodo del análisis. Haciendo una analogía con el último informe presentado por el Latinobarómetro 2008, en la pregunta, ¿Con cuál de las siguientes frases está usted más de acuerdo?: la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno; en algunas circunstancias, un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático; a la gente como a uno nos da lo mismo un régimen democrático que uno no democrático, la gente que respondió con un mayor alto porcentaje de aceptación para la primera frase fue de Uruguay (80%), mientras que para el caso de México el porcentaje que respondió apoyar la Democracia fue de 49% en el periodo 1995-1996 y de 46 por ciento en el 2001. Tiene relevancia dicho comparativo pues se puede identificar que entre mayor participación política de los ciudadanos en su país o en su sistema político mayor será la aceptación de una forma de gobierno como la Democracia, esa implicación en los asuntos públicos de la gente podrá darle mayor capacidad de definición por avalar o rechazar un gobierno o un modelo político, y ello sin duda es algo que poco se ha manifestado en el caso mexicano. Menciona Shumpeter en su obra Historia del Análisis Económico, “el método democrático es aquel mecanismo institucional para llegar a decisiones políticas en las que algunas personas adquieren el poder de decidir mediante una lucha competitiva por el voto popular” (p.269: 1954) El sufragio como mecanismo definitorio de un sistema político es de la primera década del siglo XX, para el caso mexicano la mujer logró ser tomada en cuenta para ejercer un sufragio hasta 1953, el hecho de que hoy en día un movimiento de submovimientos pretenda enaltecer la anulación del voto ¿es una evolución de la Ciudadanía? La argumentación es simple, sé está a favor del voto en blanco como una forma de expresión consciente, como un mecanismo de abstracción informado. El movimiento –reitero, muy respetable y admirable– de ciudadanos que pretende abogar por un mejor modelo electoral y por ende un mejor sistema político, un mejor país, es absolutamente valido, sin embargo, las formas para que ello surta efecto, como se sustento a lo largo de este artículo, “pueden generar un alto impacto y por el contrario, generará más bien un movimiento mayormente desinformado, porque en este país si algo se tiene en claro es que la ciudadanía actúa de manera circunstancial, coyuntural, no por una decisión propia; lo que conllevaría difundir masivamente un voto en blanco –nulo o independiente, como se está haciendo–, sería que estuviéramos solapando que existan ciudadanos desinformados, poco interesados y que su primer mecanismo fuese el repudio, la apatía, el desinterés y no la información –y participación proactiva–“(Siempre!, JLDP. Op. Cit) A mis abuelas, a quienes amo tanto.
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Oaxaca de Juárez. (Tercera y última parte) Continuando con la primera pregunta, el hecho es que, como se abordaba al inicio del presente, el caso mexicano no guarda las características de una sociedad que se perciba interesada, propositivamente, en su sistema político, a través de los mecanismos vigentes para juzgar el actuar de un representante como lo es el sufragio, es cierto que el sistema paternalista de la posrevolución gran injerencia tuvo en ello, pero en la actualidad, poco ha sido el cambio que los ciudadanos han generado como contrapeso a esa situación y es algo que admira a un servidor, no hayan tomado en cuenta todos los actores que impulsan el movimiento citado.





