| Carlos Montemayor, un mexicano ejemplar: Abel Santiago |
|
|
|
| Abel Santiago |
| Escrito por Abel Santiago |
| Domingo 07 de Marzo de 2010 15:48 |
Oaxaca de Juárez, marzo 7. En estos tiempos de oportunismo y de ríos revueltos es muy difícil, casi imposible, hablar de un mexicano ejemplar, por su obras, acciones, calidad humana, lucha social, independencia y convicciones, como Carlos Montemayor, cuyo lamentable fallecimiento, ocurrido el 28 del mes pasado, ha motivado que se dé a conocer gran parte de su brillante trayectoria y se le rindan los honores correspondientes a los grandes, principalmente por parte de quienes lo admiraron, conocieron y trataron. Desde muy joven comenzó a destacar como profesionista e intelectual, y luego como defensor de las más nobles causas populares, de los derechos humanos, de la justicia y la democracia, y del respeto a la ley y la igualdad social. Lo conocí en ese tiempo, a partir de los años 80, cuando trabajé como corrector de estilo en la Dirección de Publicaciones y Medios de la Secretaría de Educación Pública. Él era responsable de la colección Cien del Mundo, que incluyó a los clásicos de todos los tiempos. Ponía especial atención en la mejor traducción de los textos griegos y latinos, para que no resultaran simples copias de las diversas ediciones existentes. Entonces, que apenas pasaba de los 30 años de edad (nació en Parral, Chihuahua, el 13 de junio de 1947), ya era reconocido como uno de los mejores escritores de México. Llegó a cultivar todos los géneros literarios: poesía, cuento, novela, ensayo, teatro, narrativa, crítica literaria, social y política. Fue un escritor completo. Otra de las bellas artes que dominó fue la música. Estudió en la Escuela Superior de Música y en el Conservatorio Nacional. El piano y la guitarra fueron sus instrumentos preferidos, y en el canto se dedicó a la ópera. Su enorme prestigio intelectual –maestro, investigador, académico, escritor, jurista- le dio autoridad moral, respetabilidad y poder personal para levantar su voz de protesta contra las injusticias, la opresión y el atropello a las garantías individuales. No se sirvió de él para medrar, como lo hace la mayoría de los intelectuales mexicanos, que halagan al poderoso o al menos son cómplices con su silencio, a cambio de becas eméritas, premios y recompensas, aviadurías o puestos públicos. Su obra más reciente, que alcanzó ver editada en sus últimos días, La violencia de estado en México, es quizás el mejor ensayo sobre los movimientos sociales cruelmente reprimidos por los gobiernos prianistas, a partir del movimiento estudiantil y popular de 1968. Junto con su novela Guerra en el paraíso, que narra documentalmente el inicio de la guerra sucia promovida por el echeverriato para perseguir al luchador Lucio Cabañas y asesinarlo cobarde y traicioneramente por medio de un general que fue gobernador de Oaxaca, testimonian la dictadura real que se ha vivido a partir de los años 60, cuyo terreno se preparó en los 50 con las bestiales represiones a maestros, ferrocarrileros, médicos, telegrafistas y otros sectores de la población. Uno de los grandes méritos de Carlos Montemayor fue su participación en las luchas sociales, en los grupos más representativos para la investigación de los delitos oficiales contra personas y grupos rebeldes, perseguidos y reprimidos por sus ideales (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, San Salvador Atenco, Cuartel Madera, Guerrilleros, no terroristas, etcétera) sin haber pertenecido a ningún partido político, sin haberse ostentado como de derecha, centro o izquierda, y sin haber pretendido o aceptado cargos ni recompensas. Sobran en México los ejemplos de “combatientes”, “luchadores sociales”, “defensores de los derechos humanos”, “progresistas” e “izquierdistas”, que disfrutan de altísimos salarios como diputados, senadores o funcionarios públicos. ¿Qué harían esos luchadores (y luchadoras diremos a la manera foxista porque también hay mujeres que no por esa gran calidad se apartan de la jugada), luchadores de palabra si se les suprimiera de las nóminas gubernamentales? Carlos Montemayor vivió la política con dignidad y decoro. La vivió porque se ocupó de ella como crítico, literato, humanista, investigador, no porque haya cobrado por presumir de dudosas convicciones. Por eso se le considera un mexicano ejemplar que se ausenta cuando más falta hacen hombres como él, cuando más se acentúa el peso de la dictadura, de la más negativa de los últimos tiempos, porque ejerce el absolutismo sólo para servir a la reducida élite que la instauró. Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla |




Oaxaca de Juárez, marzo 7. En estos tiempos de oportunismo y de ríos revueltos es muy difícil, casi imposible, hablar de un mexicano ejemplar, por su obras, acciones, calidad humana, lucha social, independencia y convicciones, como Carlos Montemayor, cuyo lamentable fallecimiento, ocurrido el 28 del mes pasado, ha motivado que se dé a conocer gran parte de su brillante trayectoria y se le rindan los honores correspondientes a los grandes, principalmente por parte de quienes lo admiraron, conocieron y trataron.





